Leishmaniosis canina

11073832_10205979156228856_1931052624_n¿QUÉ ES LA LEISHMANIOSIS?
La leishmaniosis canina es una enfermedad causada por protozoos parásitos del género Leishmania y trasmitida por la picadura de unos mosquitos muy pequeños llamados flebotomos. En el perro, el parásito vive en un tipo especial de células del sistema inmunitario, los macrófagos, que están distribuidos tanto en la piel como en los órganos internos.

EPIDEMIOLOGÍA Y CONTAGIO
El perro contrae la enfermedad cuando es picado por un flebotomo que haya picado previamente a un perro enfermo. El flebotomo inyecta el parásito en el perro sano, el parásito coloniza los macrófagos, se reproduce dentro de ellos y se dispersa por todo el organismo.

La leishmaniosis canina podemos encontrarla, por tanto, en las zonas donde habitan los mosquitos transmisores (flebotomos). Durante el día, estos insectos suelen habitar en grietas de muros y paredes, oquedades y hendiduras, zonas con humedad, oscuras y con materia en descomposición (hojarasca y restos de podas, cámaras aislantes de las casas, madrigueras de conejos, gallineros y establos). Son más abundantes en áreas rurales o periurbanas; en las ciudades suelen encontrarse en zonas ajardinadas, parques y arboledas.

La enfermedad producida por la especie Leishmania infantum se localiza en los países de la cuenca mediterránea, incluyendo Portugal, España, sur de Francia, Italia, Malta, Grecia, Turquía, Israel, Egipto, Libia, Túnez, Argelia y Marruecos. Se estima que en Europa existen más de 2,5 millones de perros infectados.

En áreas endémicas (de aparición frecuente) de la enfermedad, la temporada riesgo de picadura o transmisión abarca los meses cálidos, durante el periodo de actividad de los flebótomos, que necesitan temperaturas medias de 17ºC-28º C para desarrollara su ciclo vital. Comienza normalmente en mayo y finaliza en septiembre u octubre, aunque en las zonas más de clima más benigno pueden encontrarse mosquitos prácticamente todo el año

Los perros con más riesgo de contraer la enfermedad son aquellos que viven en zonas rurales o periurbanas, que habitan fuera de casa, y sobre todo aquellos que duermen en el exterior toda la noche, ya que el mosquito pica al anochecer y al amanecer.

La leishmaniosis no se transmite ni durante la gestación (de padres a hijos) ni a través de ningún fluido corporal (sangre, saliva, semen, leche materna, heces…); para que un perro sano adquiera la enfermedad es necesario que sufra la picadura del flebotomo. Por tanto, animales sanos y enfermos pueden convivir sin riesgo de contagio compartiendo camas, comederos, collares, cepillos….

Las personas y muchos mamíferos, entre ellos los gatos, son también susceptibles de contraer la leishmaniosis. Pero a diferencia de estos, la especie canina tiene una particular susceptibilidad a padecerla, ya que su sistema inmunitario no es capaz de combatir correctamente al parásito como las otras especies. Es prácticamente imposible que una persona sana pueda desarrollar los síntomas de enfermedad. Nuestra respuesta defensiva frente a la infección es muy intensa y eficaz, siendo capaz de impedir la expresión de los síntomas. En zonas endémicas un alto porcentaje de la población ha sido picado por flebotomos infectados con Leishmania. Sin embargo, el número de casos clínicos humanos en el área mediterránea es muy bajo, estando normalmente asociados a personas con su función inmunitaria muy disminuida (enfermos de SIDA, personas sometidas a tratamientos inmunosupresores, transplantados, tratados con quimioterápicos, etc.). En caso de aparición de síntomas, la respuesta al tratamiento es muy buena. Hay que decir que el riesgo de sufrir la infección NO aumenta con un perro enfermo en casa al vivir en una zona endémica de leishmaniosis, ya que el número de flebotomos que circulan es muy elevado y podemos recibir picaduras en cualquier lugar.

SINTOMATOLOGÍA

Los síntomas son muy variados, y al tratarse de una enfermedad con un largo período de incubación, pueden pasar varios meses desde el momento del contagio hasta su aparición, por lo que un perro clínicamente sano puede estar incubando la enfermedad.

Algunos de los signos clínicos más habituales son: pérdida de vitalidad, depresión, pérdida de peso, aparición de alteraciones en la piel, caspa o lesiones costrosas, pérdida de pelo (sobre todo alrededor de los ojos, orejas y la nariz) y heridas en la piel que no curan (especialmente en la cabeza, punta de las orejas y rabo, patas o en las áreas donde el perro está en contacto con el suelo) , aumento del tamaño de los ganglios linfáticos, fiebre, cojeras intermitentes que no responden a tratamientos habituales, lesiones oculares (conjuntivitis, legañas, inflamación de los párpados), crecimiento exagerado de las uñas, sangrado por la nariz, diarreas crónicas…

Por supuesto, no todos estos síntomas aparecen en cada perro enfermo; a veces tan sólo el adelgazamiento y la pérdida de alegría nos alertarán de que algo le sucede. En analíticas realizadas por el veterinario, es frecuente que los perros enfermos de leishmaniosis presenten anemia, descenso de los glóbulos blancos (defensas) y aumento de las proteínas en la sangre.

Cuando el cuadro se vuelve crónico, éste se complica observando síntomas relacionados con insuficiencia hepática y/o renal, ya que la las fases avanzadas de la enfermedad suelen acompañadas de lesiones en hígado y riñón.

De forma excepcional, la enfermedad puede permanecer en latencia durante varios años. Algunos perros son resistentes y, aunque reciban picaduras de los flebotomos, nunca mostrarán síntomas de la enfermedad si están correctamente alimentados y no están sometidos a estrés. Esta resistencia, probablemente, está determinada genéticamente; parece ser que algunas razas se muestran más susceptibles que otras al desarrollo de los signos clínicos. En este sentido, los podencos muestran signos de resistencia natural, mientras que algunas razas muy seleccionadas, como el bóxer, dobermann, pastor alemán, cocker, etc parecen ser más susceptibles. No existen, sin embargo, diferencias entre machos y hembras.

Las situaciones de estrés y de desgaste orgánico (como la gestación, lactación, cambios de vida, otras enfermedades…) normalmente conllevan a un empeoramiento del estado del perro y a la aparición de nuevas lesiones y síntomas. En ausencia de tratamiento y vigilancia posterior, la leishmaniasis causa la muerte a la mayoría de perros afectados.

DIAGNÓSTICO

Para diagnosticar la enfermedad se utilizan técnicas que nos permitan detectar bien el parásito (parasitológicas) o bien la respuesta defensiva del perro frente a éste (inmunológicas). Cuando se tienen sospechas de que un animal padece leishmaniosis, lo más adecuado es utilizar varias pruebas al mismo tiempo a fin de asegurar el diagnóstico. Entre las primeras podemos citar la toma de muestras de la médula ósea o ganglio linfático a fin de visualizar el parásito al microscopio, o bien para realizar una prueba denominada PCR que detecta la presencia de el ADN de Leishmania. Entre las pruebas serológicas o inmunológicas, las más habituales son el IFI y el ELISA, que permiten evaluar la presencia de anticuerpos frente al parásito y el grado de respuesta inmunitaria del animal. También se suelen emplear en la clínica kits rápidos que emplean la sangre para detectar el posible contagio. Otra prueba complementaria que suele realizarse es el proteinograma para ver la cantidad y tipo de proteínas presentes en el suero del animal, ya que en perros enfermos éstas suelen estar alteradas.

En zonas endémicas de la enfermedad se recomienda realizar a todos los perros, de forma rutinaria, un chequeo anual (o mejor semestral) para detectar de forma temprana el posible contagio por Leishmania. De esta forma, se está a tiempo para un tratamiento de control de síntomas y el riesgo de muerte es mucho menor. Son los perros detectados en esta fase los que presentan mejores perspectivas, ya que se los comienza a tratar cuando aun el parásito no ha lesionado ningún tejido en forma severa.

TRATAMIENTO

La leishmaniosis es una enfermedad que hoy en día tiene tratamiento pero para lograr que el mismo tenga éxito es de vital importancia realizar un diagnóstico precoz, puesto que en ocasiones, y dado el largo período de incubación sin síntomas de la enfermedad, cuando los síntomas aparecen, la leishmaniosis se encuentra en un estado avanzado de desarrollo y el tratamiento puede resultar ya ineficaz. La efectividad del tratamiento siempre va a estar condicionado a la fase en la que se tome a la enfermedad (mejor en fase temprana), el estado del perro antes y durante el proceso, a las lesiones producidas, al grado de infestación, etc. Aquellos perros que al momento del diagnóstico presentan una insuficiencia renal son los que tienen un pronóstico menos favorable y van a requerir mayores cuidados y esfuerzos para salir adelante.

Los fármacos utilizados más habitualmente en el tratamiento de la leishmaniosis canina son dos: los compuestos antimoniales (Glucantime), aplicados mediante inyección durante varias semanas y habitualmente acompañados de alopurinol (Ziloric) por vía oral, o bien Mitelfosina (Mitelforán) por vía oral, este último con mejor tolerancia en perros con insuficiencia renal.

El objetivo del tratamiento es que los perros no presenten ningún síntoma y permanezcan clínicamente sanos, pero es importante saber que los éstos no siempre se llegan a curar totalmente de la enfermedad. El tratamiento solamente suprime los síntomas, pero no impedirá que el perro tenga una recaída posterior, pues el parásito permanece en su organismo. Por lo tanto, los perros enfermos deben ser controlados periódicamente (cada 6-12 meses) para evaluar su estado de salud y niveles de anticuerpos, y tratados de nuevo si hay indicios de recaídas La posibilidad de recaída es muy variable y difícil de cuantificar. Dependerá de la calidad de vida del perro, de posibles reinfecciones por otros flebotomos, del control veterinario que se practique, etc.

PREVENCIÓN DE LA ENFERMEDAD

Para luchar contra esta enfermedad hay que prevenir la picadura del mosquito transmisor. En este sentido, debemos evitar que nuestro perro duerma a la intemperie en patios, jardines o terrazas puesto que es en las horas del anochecer y amanecer cuando el flebotomo tiene su momento de máxima actividad. Si éste ha de dormir en exterior, se recomienda la utilización de mosquiteras en su zona de descanso.

Igualmente, debemos proteger durante los meses de Marzo a Octubre a nuestro perro de las picaduras mediante la utilización de productos insecticidas que contengan piretrinas. Hoy en día existe en el mercado una amplia gama de presentaciones en forma de collares repelentes, spray o pipetas antiparasitarias de fácil aplicación y prácticamente nula toxicidad tanto para el animal como para su entorno familiar.

Estas medidas también se recomiendan, por supuesto, para perros que ya han contraído la enfermedad, puesto que evitan riesgo de reinfecciones por nuevas picaduras y posible agravamiento de la enfermedad.

Además, desde principios de este año, existe también una vacuna contra la leishmaniosis canina disponible en Europa, aunque sólo puede ser aplicada en perros seronegativos (no infectados).

Fuente:
https://www.facebook.com/notes/sos-perrera-badajoz/la-leishmaniosis-canina/391304834215773?__mref=message_bubble

 

Si puedes ayudar a LUA
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Urgentisimo Lua necesita ayuda tiene 2 añitos y medio y desde bebe lucha contra la lesmaniosis y su mama no tiene trabajo

Un comentario:

  1. La pregunta es, son las pnesoras los me1s amigos de los perros. Lo dudo.Veddeo muy simpe1tico que nos muestra cue1n simpe1tica puede llegar a ser la naturaleza y sus creaciones, en este caso concreto el perro.Un Saludo

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